Esta
narración (recordemos que un cuento es un tipo de narración) nos lleva a
preguntarnos si existe el destino como algo irremediable y definitivo. ¿Puede
un objeto material como un barco también ser actor y víctima de ese destino? Y
finalmente ¿pueden dos destinos: el de una nave de pasajeros y el de una
Princesa de una monarquía en decadencia estar irremediablemente unidos? Cuando
terminen la lectura ustedes sacarán vuestras conclusiones.

La Primera Tragedia
Mafalda de
Saboya (su nombre completo Mafalda María Elisabetta Anna Romana di Savoia)
segunda hija del rey de Italia Víctor Manuel III y de Elena de Montenegro,
hermana del futuro rey de Italia Humberto II, con sus cinco años de edad jugaba
junto a su hermana Yolanda.
Yolanda un
año mayor que ella, dirigía el juego mientras corrían por el muelle del
astillero Cantiere Navale de Riva Trigoso (Génova Italia). Su padre Victor
Manuel que lucía el vistoso uniforme militar, preocupado pensaba en los riesgos
de lo inapropiado de un astillero naval como lugar de juego de niños, pero
tampoco podía limitarla en ese día tan especial en el cual se convertiría en la
madrina de la soberbia nave que estaba en las gradas lista a ser botada.
Los dueños,
el ingeniero a cargo, y el personal del astillero todos estaban sumamente
nerviosos con la ceremonia de botadura del barco que llevaría el nombre de
Mafalda. Su gemelo el Principessa Jolanda, también diseño del ingeniero Erasmo
Piaggio, se había hundido al ser botado un año antes, con la pérdida total de
la nave. Era inadmisible que volviera a ocurrir tal desastre
Los
remolcadores con pitadas alternativas de fuerte sonoridad tapaban el suave
rumor del mar calmo. Desde esas naves auxiliares que se movían suavemente para
tensar los cables que corrían por los porta espías y tomaban vuelta en las
bitas del barco, emanaban sus chimeneas ríos de vapor. Ese vapor de las
maquinas se mezclaba con las nubes pintando sobre la costa un marco mágico a la
ceremonia naval.

Mientras
tanto la banda de música ensayaba las marchas con las cuales engalanarían el
acto, los operarios navales del astillero engrasaban los apoyos que sostenían
la nave sobre los barrales, para que cuando saltaran las cuñas y la
impresionante mole de hierro comenzara a moverse lo hiciera fluidamente para
zambullirse en el mar, adrizada sin la letal escora que había hundido a la nave
hermana.
Faltaba
únicamente la ceremonia del champagne contra el casco.
Estaba
llamado a ser el trasatlántico más grande y lujoso de Italia, con sus 149
metros de eslora y equipado con los últimos avances tecnológicos de la época,
como la luz eléctrica, teléfonos en cada camarote y el vital sistema de
telegrafía.
Debía rivalizar
con los buques de las navieras del norte de Europa en la ruta entre el viejo
continente y América del Sur, ruta que finalmente cubrió hasta el año 1927. Durante
ese tiempo sólo fue interrumpido al ser requisado por la Armada italiana
durante la Primer guerra mundial durante la cual cumplió las tareas de buque
hospital
La pequeña
Mafalda en los brazos de su madre Elena de Montenegro, y ayudada por ella,
lanzó la botella de Veuve Clicquot que atada a una cinta con los colores de la
Italia unificada se estrelló contra la proa del barco, dió inicio a la
ceremonia de botadura. Afortunadamente todo ese día fue un éxito alejando las
malas premoniciones.
Se iniciaban
las vidas paralelas: la de la niña princesa y la del barco, que en definitiva,
como dicen los ingleses, los barcos son de género femenino, y por eso los
definen como "she".
Ambas historias tendrían un destino
trágico común.
Mientras el
vapor Principessa Mafalda cruzaba el Atlántico una y otra vez uniendo Italia
con Argentina en 14 días, navegando a toda máquina desarrollando una velocidad
de 18 nudos , transportando en sus 158 cabinas de primera clase, 835 camarotes
de segunda y tercera clase, y 715 dormitorios para los inmigrantes más de 1200
pasajeros, básicamente inmigrantes que poblarían nuestro territorio, la
princesa Mafalda fue creciendo transformándose en una mujer que se destacaba
por su belleza y sus virtudes, siempre dedicada a la ayuda del prójimo como
demostraba acompañando a su madre a los hospitales de la postguerra.
Tengamos en
cuenta que el final de la primera guerra mundial significó para Italia 600.000
muertos y más de 1.000.000 de heridos. La miseria, la anarquía fueron caldo de
cultivo del fascismo que oficialmente se funda en 1919 en Milán siendo su medio
de difusión: el periódico Il Popolo d´Italia.
En 1922 el
Rey Víctor Manuel III designó a Mussolini Presidente tratando de salvar la
crisis económica y social y la monarquía. Nuestra Mafalda en 1925 conoció a
quien se convertiría en su marido el príncipe y landgrave alemán, sobrino del
ex Káiser Guillermo II de Alemania, Felipe de Hesse-Kassel, quien en los
inicios de la década del 30 abrazó el partido nacional socialista alemán
considerándolo una solución a la Alemania de posguerra.
Mientras
tanto en octubre de 1927 el barco cumplía su nonagésima y última travesía con
1200 personas a bordo entre pasajeros y tripulantes. Este sería su último viaje
dado que era intención reemplazarlo en la ruta por la moderna nave de cuatro
hélices "Giulio Cesare" construida en Inglaterra y recién incorporada
al Lloyd Italiano.
Por ese presunto reemplazo, la
empresa armadora irresponsablemente no había dedicado el dinero y esfuerzo
suficiente para efectuar las reparaciones al Pricipessa Mafalda necesarias para
este viaje. Desde su zarpada de Génova la travesía fue accidentada con paradas
por problemas de máquinas, en especial en la de babor donde el eje del árbol de
transmisión de la hélice vibraba terriblemente.
Ante tal
señal algunos pasajeros de primera clase, decidieron desembarcar en Cabo Verde
por un salvador presentimiento de inseguridad y esperar otro vapor para llegar
a Sudamérica.
El capitán
que se llamaba Simón Guli, desde un principio no había estado de acuerdo con
realizar este viaje. Parecía una temeridad trasladar a las 1.260 personas que
componían el pasaje en las condiciones en las que se encontraba el barco, pero
la empresa presionó sobre él y sobre el Jefe de máquinas que era el Maquinista
Naval superior Scarabacchi para realizar este último viaje.
Al atardecer
del 25 de octubre, divisan las costas del Brasil, a la altura del archipiélago
de Abrolhos en el Estado de Bahía. Las condiciones meteorológicas eran óptimas
y la mar calma, por eso el capitán decide aumentar la velocidad del buque con
el fin de recuperar parte del tiempo perdido en las frecuentes paradas técnicas
del barco y reducir la demora en la fecha de llegada a Rio de Janeiro.
Un terrible
error que desencadena el desastre. Se siente un golpe tremendo sobre el casco
del buque haciendo pensar que habían encallado o golpeado con alguna piedra,
pero no, la hélice de babor se había desprendido por la rotura del árbol de
transmisión del motor impactando con el casco y abriendo un enorme boquete en
popa, por donde entraba gran cantidad de agua de mar.
Inútilmente se trató de contener la
vía de agua con planchas de acero y cemento. Era como catarata entró
súbitamente a la sala de máquinas inundando todo a su paso. Por eso el capitán
Guli ordena el abandono del barco. Los dos telegrafistas, Luigi Reschia y
Francesco Boldrachi, lanzan un SOS para que todos los barcos en zona concurran
en su ayuda. El hundimiento era inminente y la nave comienza a sumergirse
lentamente de popa escorándose a babor.
Los barcos que primero captaron el
SOS y llegaron al lugar del siniestro fueron el carguero holandés
"Alhena" y el inglés "Empire Star" y algo más tarde, los
franceses "Formose" y "Mosella" y también el inglés
"Rosetti". Gracias a la rápida llegada de esos barcos, en especial
del Alhena, la catástrofe no fue peor.
Tratemos de involucrarnos en el
naufragio como observadores invisibles y sentiremos en medio de ruidos
estruendosos, el temido sálvese quien pueda que denigra la condición humana, y
transforma al hombre común en un desesperado por su supervivencia.
Los más de
600 emigrantes que viajan en tercera clase y que normalmente eran los últimos
en acceder a la cubierta de botes corren despavoridos por las escalas del barco
en busca de un lugar en los botes salvavidas, lugares escasos ocupados por los
que desde posiciones más favorables llegaron antes. Los primeros perdedores
fueron los ancianos, las mujeres y los niños de todas las escalas sociales.
Para peor de
males algunos de estos botes de salvamento se hallaban en condiciones
lamentables de conservación se despedazaban con solo tocar el mar sobrecargados
de gente. Abajo los tiburones nadaban enloquecidos, disfrutando de antemano un
monstruoso festín.
Los barcos
que llegaban a rescatar gente lanzaban sus botes al agua y tendían escalas de
gatos y redes por sus bordas para que los que podían nadar llegaran a ellas y
subieran. La distancia que los separaba de la salvación era poca pero difícil
de nadar en las condiciones que se encontraban.
A bordo del
Principessa sólo el capitán y un grupo reducido permanecía abordo tratando de
dirigir el abandono. Guli trataba inútilmente de impartir órdenes, los
telegrafistas enviaban mensajes de auxilio hasta último momento, el comisario
de a bordo colaboraban con los que trataban de mantener el orden y dos
argentinos, ex-tripulantes de la Fragata Sarmiento que regresaban a su Patria
como pasajeros: el conscripto Bernardi y el cabo Juan Santoro puestos a órdenes
del capitán, ayudaban a los náufragos.
Cuando ya
decidieron abandonar la nave excepto Giuli, estaban a escasos 300 metros del
barco "Mosella" e intentan llegar a nado, única y última posibilidad.
Sólo llegaron Santoro –extraordinario nadador y de una resistencia física
increíble- y el comisario.
El salvataje
continuó a medida que avanzaba la noche, mientras que a bordo de los buques de
rescate se atendía a los sobrevivientes que fueron 781 personas. El hundimiento
del "Principessa Mafalda" fue una de las tragedias marinas ocurrida
en época de paz más impresionante que se recuerdan. Sin dudas fue el Titanic
del Atlántico Sur.
El mismo año
del hundimiento, la Princesa se casaba con Felipe de Hesse –Kassel e iniciaba
su propia tragedia. El día
previo a su boda un sentimiento extraño la angustió y le hizo temer que su
destino seria doloroso y unido a la historia del barco que llevaba su nombre,
del cual guardaba algún vago recuerdo y las fotografías y cuadros que tapizaban
las paredes de su palacete.
La noche
anterior había soñado que estaba navegando a bordo de la nave, pero su cuerpo
era el de una niña de cinco años. El capitán y los oficiales la recibían en un
pasillo de la primera clase y la llevaban al Puente de Mando. El Jefe de
máquinas y el radio operador se disputaban por tenerla en brazos, y así
transportada en los brazos de los oficiales se asomó al alerón de estribor.
La pareja se
afincó en la Villa Saboya en Italia, tuvieron cuatro hijos pero la Princesa no
podía ser feliz, sufría la preocupación de un destino trágico y ver como su
padre y su marido eran parte de la intolerancia del fascismo.
Su marido
era un admirador declarado del nacional socialismo y el fascismo. Ella no
comulgaba con ninguna de esas doctrinas, pese a ello en 1934 Felipe es nombrado
gobernador en una provincia alemana y decide trasladarse con su esposa e hijos.
Mafalda se negaba a la mudanza pero no tenía más remedio que aceptarla de mal
modo.
Nueve años
después todo había cambiado drásticamente para los nazis alemanes y los
fascistas italianos. Los aliados invadían Italia obligando a las tropas
alemanas a replegarse hacia el norte. El rey Víctor Manuel III siente que todo
está perdido y en un último intento de mantener el reinado sella la paz con los
potencias aliadas, y encarcela a Mussolini.
Hitler
considera a la familia real como traidores y decide rescatar a su aliado
montando la operación Roble con la agrupación de paracaidistas alemanes
comandados por el mítico coronel Otto Skorzeny en un operativo comando y
destruir a la familia real. Para este segundo objetivo lanza la operación Abeba
que es encarcelar a todos los parientes del rey.
El primero
en caer preso por traición es el Langrave Felipe Hesse. Mafalda que se
encontraba en Bulgaria y ante la falta de noticias de su marido trata
desesperadamente de salvar a sus hijos y los envía a Roma para ponerlos bajo
protección del Vaticano.
Tiempo después, ella se traslada también a
Roma para estar con ellos, pero cae en una trampa de los nazis y es apresada en
la embajada y enviada a Alemania donde es destinada a un campo de concentración
como prisionera. Se le cambia de identidad y pasa a llamarse Frau von Weber,
con prohibición bajo pena de muerte de dar a conocer su verdadera identidad.
La segunda Tragedia
Año 1944
campo de concentración de Buchenwald, colinas de Ettersberg, Weimar, Alemania.
Describir el infierno sería lo adecuado para relatar la vida en este campo de
concentración nazi, donde homosexuales, testigos de Jehová, gitanos se mezclan
con los judíos que esperan su traslado a los campos de exterminio y con
políticos alemanes de la oposición, sindicalistas y sus familias, industriales
como Thyssen y Roching, militares caídos en desgracia y las familias de los ya
ejecutados por el atentado a Hitler del 20 de julio.
A ese
infierno llega una princesa italiana casada con un alemán, cuyo pecado fue que
su padre el rey Víctor Manuel III el año anterior había encarcelado a
Mussolini.
En 1944 el campo de concentración y sus despiadados
jefes ya habían cobrado más de 50.000 víctimas. Pero lo espeluznante de este
averno fueron los experimentos científicos que realizaban sobre los
prisioneros. El campo era comandado por Karl Otto Koch y su mujer Ilse Koch, la
perra de Buchenwald, quien coleccionaba la piel tatuada arrancada a los
cadáveres de los prisioneros y objetos de un macabro arte que realizaba con los
cadáveres. En su locura sádica era secundada por un ejército de 30 mujeres
guardia cárceles, todas tan asesinas como ella.
La princesa Mafalda estaba presa con un nombre falso y
alojada en la barraca 15. Dedicaba su tiempo a trabajar como enfermera
atendiendo a los desgraciados presos con los pocos elementos que tenían.
Todas las noches al tratar de descansar tenía un sueño recurrente, aparecía en la imagen del bello barco de la marina mercante italiana que llevaba su nombre y había tenido un fin trágico.
Todas las noches al tratar de descansar tenía un sueño recurrente, aparecía en la imagen del bello barco de la marina mercante italiana que llevaba su nombre y había tenido un fin trágico.
Soñaba
reiteradamente que era una niña y que recorría los pasillos de la primera clase
del barco, y que a su paso se abrían las puertas de los camarotes, bajo una
débil iluminación y la saludaban los pasajeros. La acompañaba el capitán en su
recorrida y el primer oficial, pero Mafalda sabía que estaban todos muertos.
Los salones
de primera clase donde se cenaba y bailaba, las arañas impecables que
iluminaban esos salones, los muebles de fina caoba y de golpe todo miraban
hacia ella y Mafalda se despertaba en la barraca 15 del campo de concentración.
Las
guardianas SS las arrancaban de las camas y previo higienizarse y un escasísimo
desayuno, las mujeres presas eran enviadas a trabajar. Mafalda presentía que el
fin de la guerra estaba próximo, pero temía no llegar a verlo. Su salud se
estaba deteriorando por la mala alimentación y el contacto permanente con los
enfermos.
El fin se
acercaba y la tripulación y pasaje del barco hundido la esperaban para poder
descansar en paz en el fondo marino. Si bien tenía prohibido dar a conocer su
identidad, en el grueso uniforme de presa tenia inscripta una I, que indicaba
su origen.
Todos los
presos italianos sabían quién era y la consideraban un ángel de la guarda que
cuidaba de ellos. Su presencia entre tanta locura era mágica y daba aliento
para seguir sobreviviendo a los prisioneros. En sus tareas solidarias era
acompañada por sus compañeros de barraca el matrimonio Breitscheid y María
Ruhnau quien se había auto asignado ser ayudante para la princesa. La escasa
comida que recibían (aunque era aún más escasa para los demás presos) los iba
debilitando.
El 24 de
agosto de 1944 el campo fue bombardeado por aviones aliados tratando de
destruir un depósito de municiones cercano. El Sr. Breitscheid murió asfixiado
por los escombros, su esposa cayó inconsciente junto a Mafalda quien resultó
con heridas de gravedad, básicamente fracturas expuestas.
Ambas fueron
llevadas a la enfermería, y la amputación de un brazo en condiciones de nula
asepsia, le provocó la muerte el dia 27 de agosto. Maria Ruhnau quien
sobrevivió al ser liberado el campo de concentración en 1945 ayudó a
identificar donde estaba enterrada en el cementerio de la prisión en la fosa
262 como mujer desconocida.
Mientras
Mafalda era salvajemente operada sintió como su alma se desprendía del cuerpo y
flotaba mirando todo el dolor del hospital del campo de concentración desde un
nivel superior. Ella ya no sentía más dolor, únicamente paz. Finalmente cuando
pudo liberarse de sus restos humanos y ser únicamente espíritu, su alma se
trasladó Atlántico Sur donde frente a las costas de Brasil la esperaba su
destino final, el barco y su tripulación y pasaje.
Nuevamente
era la niña de cinco años que de la mano del Capitán Guili llegaba a bordo y
todos repetían su nombre y querían tocarla o besarla. Juntos el Capitán y la
Princesa llegaron al puente de comando y bajo las órdenes de Guli zarparon
hacia la vida eterna.
Esta
historia fue narrada por el escritor argentino Ovidio Lagos en el libro “Principessa Mafalda. Historia De Dos Tragedias”
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